El servicio de postas en España


El transporte en España en el siglo XIX (II)

Con la palabra «posta» se hacía referencia al correo y, bien al establecimiento en el que se hacía el cambio de caballos en el «servicio de postas», o bien al servicio en sí; era lo que permitía, en el siglo XVI y subsiguientes, el intercambio de correspondencia. Este sistema, en el que se iba cambiando de caballería de posta en posta, estaba organizado inicialmente como un método para transmitir el correo real aunque, con el pasar del tiempo, comenzó a utilizarse también por los particulares, tanto para el correo como para el transporte de viajeros.

Así, en el servicio o camino de postas, la persona que quería hacer uso de este sistema (ya creado, como decía arriba, para transmitir el correo) pagaba por el alquiler de un caballo y de un «postillón» —era la persona que iba delante de la caballería guiándola— en una casa de postas. Al llegar a la siguiente casa de postas, el «maestro de postas» a cargo asignaba una nueva montura y un nuevo «postillón» para continuar el camino, mientras que el postillón que lo había acompañado regresaba a la anterior posta con su caballo.

Enviar un paquete o una carta desde Madrid no era barato, pero usar la posta, a mediados del siglo XVIII, era prohibitivo, dado que primero había que obtener una licencia que venía a costar unos cuarenta reales, a lo que había que añadir la tarifa de unos ocho reales y medio de vellón por legua. Usar el correo, en comparación, era asequible: una carta costaba de 12 a 20 maravedíes, y un paquete de 24 a 50 maravedíes cada onza.

El servicio de postas entre Madrid y Cádiz existía bastante antes de que en 1761 se impulsara el arreglo del camino real que unía Madrid con Cádiz, aunque con escasa regulación. A partir de esta fecha, no obstante, se empieza a formalizar, regular y modificar, de forma que, para finales de siglo, el camino ya funciona como una ruta de postas plenamente organizada, con paradas en Illescas, Toledo, Ciudad Real, Almodóvar, Conquista, Adamuz, Córdoba, Écija, Carmona, Sevilla, Jerez y Cádiz.

El trayecto de postas entre Madrid y Cádiz llevaba tres días y medio de viaje.

Ya a comienzos del XIX existían dos modalidades de servicio de postas, la «posta a la ligera» (a caballo, con la licencia previa) y la «posta sobre ruedas», esto es, en «silla-correo» alquilada al servicio de Correos. La segunda opción fue la que ganó fuerza y ya para 1850 solo usaban la posta a la ligera los encargados de la correspondencia en aquellos tramos secundarios donde no existían sillas-correo. La implantación del ferrocarril provocó que las postas a la ligera, caras e incómodas, prácticamente desaparecieran a finales del siglo XIX.

El ferrocarril Madrid–Cádiz, por ejemplo, quedó completo en la década de 1860, lo que hizo que los servicios de postas en este trayecto fueran obsoletos para correo urgente y viajeros. Aunque algunas casas de postas siguieron existiendo como ventas o paradas de diligencias, el sistema de postas como institución oficial quedó extinguido hacia 1890–1900. Para entonces, ya hacía años que no funcionaba como sistema nacional de transporte rápido.

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