Tres viajeros españoles del siglo XIX en Oriente (III)
«El Moro Vizcaíno», como llamaban a José María Murga fue un viajero español considerado, junto a Domingo Badía y Joaquin Gatell, uno de los principales exploradores clásicos españoles del Oriente en el siglo XIX. Al igual que los otros dos componentes de este trío, Murga se hizo pasar por árabe para explorar aquella parte del mundo entonces desconocida y, en su mayor parte, vedada a los occidentales.
José María de Murga y Mugártegui nació en 1827 en Bilbao. Del linaje de los señores de la Torre de Vidarte de Markina-Jeméin (Bizkaia), le correspondía, como varón, seguir la carrera militar de la que tan orgulloso estaba su padre. En 1846 término su formación en el Colegio General Militar con el grado de alférez de Caballería.
Salvo su participación en la campaña contra las partidas carlistas, no tuvo gran presencia en acciones militares, pues pronto pasó al Regimiento de Montesa, y, luego, al de la Princesa, siempre con residencia en Madrid y aledaños.
Entre 1854 y 1859, recibió licencia para el extranjero, y formó parte de la misión militar española destacada cerca del ejército francés en la Guerra de Crimea (1854-1856). Fue testigo de la toma de Sebastopol y del asalto al fuerte de Malakof, y tuvo contacto allí con los zuavos —soldados argelinos, como cuerpo del ejército francés—. Es aquí donde crece su interés por el mundo árabe, ya iniciado tras la lectura de los distintos libros que sobre el islam poseía en su biblioteca familiar. Aprovecha su estancia en París, entre 1855 y 1859, para dedicarse al estudio del árabe.
Tras su licencia se reincorpora al servicio en el Regimiento de Húsares de Pavía, aunque no participa en la Guerra de África (1859-1860), pese a su interés en la misma. En 1861 solicita la separación definitiva de la profesión militar y, en la Facultad de Medicina de San Carlos de Madrid, cursa estudios de Anatomía y Patología Médicas, como la cirugía menor, la extracción de muelas o los partos lo que le proporciona conocimientos básicos de medicina.
En 1863 viaja a Tánger y pone en marcha un plan para insertarse en la sociedad marroquí. En primer lugar, se hará conocer como «El Hach Mohammed el Bagdady» y le llamarán «el moro vizcaíno». Recorrerá Marruecos, durante tres años, haciéndose pasar por un «renegado».
En el siglo XIX, los renegados en Marruecos (en ocasiones llamados popularmente «cristianos de Alá») eran cristianos occidentales que abandonaban su religión para abrazar el islam y se integraban plenamente en la sociedad norteafricana. Al ser la mayoría desertores del ejército, presidiarios huidos de la justicia, prófugos o personas sin recursos que buscaban escapar de condenas o de la miseria, al cruzar las fronteras se les garantizaba la protección de las autoridades locales y librarse de ser extraditados a España.
Murga, con su nueva identidad de persona pobre y mendicante, vestido con una pobre y corta chilaba campesina, iba descalzo, viajaba solo con su burro y trabajaba de curandero, sacamuelas o vendedor ambulante. Todo ello con la intención de conocer de cerca a los habitantes del país y sus formas de vida.
De los renegados, Murga contaba que constituían el escalafón más bajo y despreciado de la sociedad, y que los propios marroquíes musulmanes desconfiaban profundamente de ellos; eran considerados traidores a los suyos, por lo que rara vez alcanzaban puestos de verdadera influencia y terminaban viviendo en la pobreza. En la crónica de sus andanzas, que escribiría y publicaría a su retorno a España, contaba, por ejemplo, que en el ejército del Sultán de Marruecos existían compañías compuestas íntegramente por renegados españoles que, irónicamente, desfilaban ante las autoridades marroquíes al son de la Marcha Real española. La mayoría, afirmaba, tenían añoranza de España y con nostalgia tocaban melodías del folklore popular de su tierra natal, pero al haber cortado los lazos con sus familias de origen para siempre, se resignaban a seguir en una tierra que les era extraña.
A finales de 1866 tuvo noticias de la muerte de su madre y retornó a España. Como «el moro vizcaíno», había recorrido las ciudades de Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Mequinez, Fez, Salé, Rabat y Fedala. Desde 1867 se dedicó a su mayorazgo. Entre 1870 y 1872 ejerció de presidente de la Diputación de Vizcaya.
Volvió una segunda vez a África, convencido por amistades «africanistas», que le alentaron a continuar sus investigaciones sobre la sociedad marroquí. Si en el anterior viaje se había centrado en el interior del norte de Marruecos, esta vez, en 1873, quiso visitar la costa: Casablanca, Azamor, El Yadida, Marrakech y Esauira. Solo estuvo unos pocos meses, al sufrir heridas e infecciones en las piernas. Se dirigió a Tánger, donde fue curado de las heridas y de allí regresó a España.
En 1876 quiso hacer un tercer viaje, y con tal propósito recabó en Cádiz, desde donde pretendía embarcar hacia África. Le sobrevino, sin embargo, un grave problema hepático del que no se recuperaría, falleciendo en esta ciudad.
Si quieres saber más, puedes visitar estos enlaces:
- https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_de_Murga_y_Mug%C3%A1rtegui
- https://elcorreodepozuelo.com/2022/03/25/jose-maria-de-murga-y-mugartegui-fue-militar-aventurero-escritor-y-politico-espanol-que-vivio-en-el-siglo-xix-y-fue-conocido-como-el-hach-mohamed-el-bagdady-y-el-moro-vizcaino/
- https://historia-hispanica.rah.es/biografias/31615-jose-maria-de-murga-y-mugartegui

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