La mano de gloria


Una «Mano de Gloria» es la mano cortada y escabechada de un criminal ahorcado, y que en la leyenda popular se usaba para cometer robos gracias a las propiedades mágicas que se le atribuían. El origen del nombre viene del francés «main de gloire», siendo esta alocución, en realidad, una corrupción del término «mandragore», mandrágora en castellano. Acerca de la raíz de esta planta abundaban supersticiones, rituales, y leyendas.

Ya en el libro de hechizos «Petit Albert», de 1668, se explicaba cómo confeccionar una mano de gloria, y muchos escritos posteriores han replicado y ampliado esas instrucciones: En primer lugar se recomendaba que la mano del ahorcado debía cortarse estando el muerto recién ejecutado y aún colgando de la soga, en el cadalso. La mano debía ser la izquierda, salvo que se supiera fehacientemente que el crimen por el que le habían ajusticiado fuera cometido con la derecha (en cualquier caso, esto era complicado, puesto que en muchos casos, la mano derecha se solía mutilar por defecto para ser expuesta como amuleto). Una vez separada, la mano se envolvía en una tela, a ser posible hecha de la propia vestimenta que llevaba el ahorcado, o de su propio sudario. La mano se apretaba bien, para que soltara toda su sangre y, después, se introducía en una vasija de barro y se dejaba macerar con una mezcla de cinabrio (mineral muy pesado de color rojo oscuro, compuesto de mercurio y azufre), sal y pimienta negra, todo bien pulverizado. Se dejaba en este recipiente durante quince días, al cabo de los cuáles se extraía y se exponía a pleno sol durante los días más calurosos del verano, hasta que se secara por completo.

Otras instrucciones, sin embargo, decían que la mano debía estar macerada con sal y orina de hombre, perro, caballo y yegua, ahumada con hierbas y heno durante un mes y después colgada de un roble durante tres días; al cabo tenderse en un cruce de caminos y después colgar de la cerradura de la puerta de una iglesia durante una noche entera, mientras su dueño permanece junto a ella, guardando vigilia.

Los supuestos poderes mágicos implicaban que al encender las velas que, o bien la mano portaba como un candelabro, o bien actuando sus propios dedos como cirios, los habitantes de la casa en la que se pretendía entrar permanecían dormidos hasta que dichas velas no se apagaran. También aquí hay varias versiones: en una los inquilinos de la casa no duermen, pero quedan inmovilizados; en otras, simplemente los portadores de la «mano de gloria» se hacían invisibles. Por otra parte, la única manera por la que las velas se apagaban, según estas historias, era utilizando sangre o leche.

También en el «Petit Albert» se ofrecía una manera de proteger las casas: frotando los quicios de las puertas con un mejunge compuesto de la hiel de un gato negro, la grasa de una gallina vieja y la sangre de una lechuza.

Si quieres saber más sobre la «Mano de Gloria», puedes acceder a alguno de estos enlaces:

Este artículo forma parte de la serie «Lugares, artilugios y otras locuras», relacionados con la novela «El falso espejo del rey Salomón».

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