Globos aerostáticos
Un globo aerostático es una aeronave que se sirve del principio de los fluidos de Arquímedes para volar (entendiendo el aire como un fluido). Es decir, que usando o bien aire caliente, o bien otro gas, como helio o hidrógeno, se ejerce un «empuje hidrostático» que consigue que la aeronave en cuestión se eleve. La razón es que el aire caliente, o el gas, es más ligero que la atmósfera en la que se encuentra.
El método del aire caliente para elevar un globo fue usado ya en China para hacer volar pequeños globos de papel. En la era de los Tres Reinos (siglo III) eran utilizados por el ejército chino para enviar señales a sus tropas. Los mogoles estudiaron estos globos de papel (también llamados linternas chinas o linternas de Kongmin) y los usaron durante la invasión mogol de Polonia, siendo esta la primera vez que aparecen en Europa.
La primera demostración documentada en Europa, sin embargo, llegó en el siglo XVIII, cuando el sacerdote portugués Bartolomeu de Gusmão, ante la corte del rey Juan V de Portugal, hizo volar un pequeño globo de papel lleno de aire caliente que recorrió unos cuatro metros. Fue el 8 de agosto de 1709.
La primera vez que se demostró públicamente un vuelo tripulado en globo de aire caliente no llegó hasta el 19 de septiembre de 1783. En esa fecha, los hermanos Montgolfier lograron que su globo recorriera unos 3 kilómetros y obtuviera una altitud de unos 460 metros. Unos meses antes ya habían realizado una demostración pública de un vuelo no tripulado; esta vez, sin embargo, delante de una gran multitud, además del rey Luis XVI y la reina María Antonieta, en Versalles, se propusieron mostrar ante la enorme audiencia que era posible realizar un vuelo tripulado, aunque su tripulación estuviera compuesta únicamente de animales: una oveja, un pato, y un gallo. El globo aterrizó con sus tres tripulantes sanos y salvos.
Jean-François Pilâtre de Rozier, ese mismo año, fue el primer hombre que ascendió públicamente, por primera vez, en un globo de aire caliente. En su primer intento, el globo permaneció atado, y alcanzó los 25 metros, que eran lo máximo que daban de sí las cuerdas que lo sujetaban. Estuvo en el aire durante 4 minutos y 25 segundos.
Aunque Luis XVI había decretado que, por lo peligroso del experimento, los tripulantes del siguiente ascenso en globo, esta vez sin atar, serían presos, Rozier y el marqués François d’Arlandes solicitaron el honor de ser los primeros en conseguirlo. Ascendieron más de 15 metros y viajaron durante 25 minutos, recorriendo 8 kilómetros. La fecha: el 21 de noviembre de 1783.
Rozier, de hecho, murió menos de dos años más tarde, teniendo también el dudoso honor de ser la primera víctima mortal, junto a su acompañante, Pierre Romain, de un accidente de globo aerostático. Ocurrió intentando cruzar el Canal de la Mancha, el 15 de junio de 1785.
Como hemos dicho al principio, los globos aerostáticos utilizan para elevarse, o bien aire caliente, o bien otro gas como el hidrógeno. Pues bien, apenas unos días después del primer vuelo sin cuerdas de un globo de aire caliente (a partir de entonces este tipo de globo se denominó Montoglofière en honor a los hermanos Montglofier), y sin acabarse aún el año 1783, el profesor Jacques Charles y Nicolas-Luis Robert (de los hermanos Robert) reunieron de nuevo a una multitud en París, en el Jardin de las Tullerías, y se elevaron sobre ellas en un globo de hidrógeno. Era el 1 de diciembre de 1783.
Esta vez el globo, en su primer viaje, se elevó a más de 500 metros y recorrió 36 kilómetros durante 125 minutos. Al cabo de este tiempo, los hombres a caballo que lo seguían lo hicieran descender mediante cuerdas. Robert y Charles bajaron del globo, pero Charles decidió volver a subir y probar de nuevo. Ascendió esta vez a 3000 metros, pero al sentir un fuerte dolor de oídos, dejó escapar el gas y descendió a tierra. Fue la última que Jacques Charles subiría en globo, aunque los hermanos Robert sí que realizaron más ascensiones a lo largo de su vida. A partir de aquel evento, los globos que usaban hidrógeno u otra clase de gas, en lugar de aire caliente, se denominaron Charlière en su honor.
Así pues, una clasificación clásica de los globos aerostáticos es la siguiente:
- Los que utilizan aire caliente (Montglofière)
- Los que utilizan algún tipo de gas (típicamente hidrógeno o nitrógeno), también denominados Charlière.
- Y los que utilizan aire caliente y aire frío en bolsas de gas separadas, que se denominan Rozière, y que normalmente suelen usarse únicamente para intentar batir récords en vuelos de larga distancia.
Dirigibles
Un dirigible es una aeronave aerostática propulsada.
Uno de los problemas que tenían los globos aerostáticos era que no podían ser dirigidos; se encontraban a merced del viento. No se tardó mucho en buscar remedios a ese problema y, aunque ya desde que los primeros globos empezaron a surcar los cielos se idearon formas de añadir propulsión manual, como la que usó Jean Pierre Blanchard en 1785 para cruzar el Canal de la Mancha (su aerostato contaba con alas batientes como propulsores que movía manualmente, y un timón con forma de cola de ave), no es hasta la segunda mitad del siglo XIX que aparecen los primeros motores.
Ya en 1852, Henri Giffard voló en un dirigible propulsado mediante una máquina de vapor, pero no obtuvo mucho eco ni imitadores. No es hasta 1883 que aparece el primer propulsor eléctrico en un globo, obra de Gastón Tissandier, aunque su motor es probado en un vuelo no tripulado.
Carlos Albán, en 1887, inventó un sistema de globos aerostáticos de envoltura metálica, muy similar a lo que vendrían a ser los zepelines que el conde Ferdinand von Zeppelin diseñaría a partir de 1893. En la Primera Guerra Mundial, los zepelines alemanes se utilizaron para espiar y para bombardear al enemigo, aunque su eficacia, como bombarderos, fue mínima.
El récord de Green
En 1836, Charles Green batió el récord de distancia recorrida en un viaje tripulado en globo. Nada más y nada menos que 480 millas (casi 775 kilómetros), y le llevó 18 horas, convirtiéndose en un récord que permaneció imbatido hasta febrero de 1914, cuando Karl Ingold, pilotando un biplano cubrió el doble de distancia en aproximadamente el mismo tiempo.
Charles Green había venido al mundo en 1785, y no fue hasta que había cumplido ya los 36 años, en 1821, que disfrutó de su primera ascensión en globo. Sería la primera de muchas veces: más de 500 ascensiones tenía en su haber cuando se retiró de la aeronauta en 1852.
Su primera ascensión fue en un globo que utilizaba gas de carbón (hidrógeno carburado), un método en el que Charles Green estaba muy interesado. El hidrógeno dotaba a los globos de mayor empuje que el aire caliente, pero tenía un problema: era muy inflamable y difícil de obtener. El gas de carbón, aunque en su mayor parte es hidrógeno, mezclado con monóxido de carbono, dióxido de carbono y metano, era mucho más fácil y barato de generar, aunque no tenía el mismo empuje para levantar del suelo un globo. Esto no era un problema, no obstante, si el globo en cuestión era lo suficientemente grande (cuanto mayor fuera la envoltura, o vela, más gas podía utilizarse y por tanto, aumentaba el empuje vertical).
Quince años después de su primera ascensión, Green llevaba ya más de doscientas ascensiones en globo y era considerado uno de los más reputados aeronautas de su época. Había diseñado un globo, el «Royal Vauxhall» con dos funcionalidades en mente: largas distancias y mayor tamaño; de esta forma no solo podría llevar consigo más pasajeros, sino también el equipo necesario para realizar experimentos. Estas dimensiones eran obligadas de todas formas si Green quería usar el gas de carbón en lugar de hidrógeno.
El espectacular Royal Vauxhall le servía muy a propósito a los dueños de este, Vauxhall Gardens, unos jardines privados al sur de Londres, y que en efecto no deseaban otra cosa que el globo fuera visto y llamara la atención de cuantos más espectadores, mejor. Las dimensiones del globo, ciertamente, ayudaban a eso.
Así pues, cuando Charles Green consiguió que un acaudalado conocido, el abogado y miembro del Parlamento inglés Robert Hollond, patrocinara su intento de batir el récord de distancia en viajes en globo, los dueños de Vauxhall Gardens accedieron de buena gana a alquilar el globo que previamente le habían adquirido a Green.
Serían tres los que irían en el Royal Vauxhall: Charles Green, por supuesto, Robert Hollond, y el escritor Thomas Monck Mason, quien sería el encargado de relatar el viaje. En la góndola, además de ellos y sus equipajes, llevarían comida y bebida para dos semanas (por si tuvieran que aterrizar en un lugar deshabitado), una tonelada de arena para lastre, y multitud de aparatos y utensilios, entre ellos una cuerda de mil pies, un barómetro, telescopios y hasta una cafetera. El suelo de la góndola estaba acolchado, en caso de que los tripulantes tuvieran que dormir, aunque la cantidad de equipo que llevaban con ellos hacía difícil que tuvieran el espacio suficiente para tumbarse.
Hollond pagó de su bolsillo el equipamiento y los suministros, así como el alquiler del globo a Vauxhall Gardens. Partieron, finalmente, de ese mismo lugar, el 7 de noviembre de 1836 a la 1:30 pm. Sobrevolaron Rochester y a las 4 pasaron por Canterbury, donde dejaron caer, con un paracaídas, una nota para el alcalde. Después volaron por encima de Dover y cruzaron el Canal de la Mancha. A la mañana hicieron café y se entretuvieron lanzando petardos y fuegos artificiales a los campesinos que, aterrados, contemplaron a aquel globo desde el que sus tripulantes les gritaban divertidos.
Cruzaron Bélgica, sobrevolando Iprés, Bruselas y Lieja, y cuando contemplaron que el paisaje, poco a poco, se tornaba nevado, asumieron que deberían haber llegado a Alemania o a Polonia y que, de continuar, podrían aventurarse en las desoladas estepas rusas, por lo que decidieron dar por concluido su viaje y descender. Cuando aterrizaron, los asustados labriegos del lugar les informaron que se encontraban en el ducado de Nassau, a unas seis millas de la ciudad de Weilburg, en Alemania. De haber continuado en aquella dirección hubieran alcanzado Praga sin problemas al día siguiente.
Quedaba, por tanto, la vuelta a Londres. En esta ocasión, no sería a bordo del globo, sino en carromatos que los transportarían a ellos y al desinflado Royal Vauxhall. Por supuesto, en la tarea de vaciar el globo participaron los habitantes del lugar, dado que una buena parte de los licores y alimentos que habían cargado fueron distribuidos con alegría entre los presentes.
Fueron recibidos con grandes honores en Weilburg, cuya iglesia aún hoy presenta una cristalera que conmemora la ocasión. El retorno les llevó dos semanas; aunque, antes, Charles Green paró en Paris, donde realizó dos ascensiones más, e incluso invitó a diez pasajeros a subir con él. Además, rebautizó su globo como «Nassau», en lugar de «Royal Vauxhall», como se había llamado hasta entonces.
Si quieres saber más como el tema, puedes seguir los siguientes enlaces:
- https://es.wikipedia.org/wiki/Globo_aerost%C3%A1tico
- https://en.wikipedia.org/wiki/Balloon_(aeronautics)
- https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_ballooning
- https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Fran%C3%A7ois_Pil%C3%A2tre_de_Rozier
- https://es.wikipedia.org/wiki/Dirigible
- https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-22/carlos-alban-politico-militar-e-inventor
- https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Alb%C3%A1n
- https://en.wikipedia.org/wiki/Zeppelin
- https://en.wikipedia.org/wiki/Airship
- https://en.wikipedia.org/wiki/Charles_Green_(balloonist)
- https://vauxhallhistory.org/royal-vauxhall-balloon-ascent-1836/
- https://www.lindahall.org/about/news/scientist-of-the-day/charles-green/
Este artículo forma parte de la serie de artículos «Lugares, artilugios y otras locuras», relacionados con la novela «El falso espejo del rey Salomón».

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